Por Ingrato Chiche el 11/07/2009 para la sección Internacionales.
Como todos ya saben, la gripe A es la noticia de ayer. La gran cantidad de estudiantes que viven en la Capital volvieron a sus casas, al tiempo que el fin de semana largo permitió mucho movimiento turístico. Como consecuencia, la influenza Daisy May Queen deja la Metrópoli y se interna en el interior (valga la redundancia). Automáticamente, deja de ser noticia y de importarle al jefe de contenidos de Telenueve.
Sin embargo, esta es una nota que escribo con el más inmenso dolor. Hay momentos ingratos en esta, mi profesión. Desde Mariano Moreno para acá, pasando por Rodolfo Walsh y con el legado de Juan Castro, todos los soldados de la palabra tuvieron que poner su temple a prueba y dedicarse a lo que saben hacer en momentos en los que querían largar todo al carajo.
En lugar de caer en el pánico, me mantengo en lo mío al estilo de los músicos de Titanic, en aquella recordada escena (la del vidrio empañado no, la otra) en la que tocaron hasta que el agua les llegó al cuello. Sin más preámbulos, debo enunciar lo que ya todos saben. Siguiendo con la moda de ilustres que dejan este mundo, André Luiz Ribeiro Albertini se fue de gira.
Ese personaje pintoresco que llegó a nuestros corazones con el nombre de Andreia Albertini fue un ejemplo de vida. De orígenes humildes, se rebeló ante su futuro marcado por la posibilidad de ser futbolista o dedicarse al tráfico de estupefacientes. Desde chico sabía que había llegado al mundo para ser mujer. Le costó sangre, sudor y lágrimas conseguir los medios para ajustar quirúrgicamente su cuerpo a la imagen que tenía en la mente, pero un día consiguió que el espejo le diera la razón. O casi.
Tuvo sus dobleces, ¿acaso no los tenemos todos?, como cuando acusó a Ronaldo, el delantero mundialista, de no pagarle por sus servicios sexuales. Por suerte, reflexionó a tiempo y se rectificó, como hacen los grandes, y aceptó que el “gordito” había abonado por la noche que pasó junto a ella y sus dos colegas.
El mundo fue injusto con Andreia. La obligó a soportar una carga indeseada. Una carga que se hacía más grande en determinados momentos, como queriendo hacerse notar a través de la ropa. Una carga que impedía a esta mujer por decisión completar su transformación. Me refiero por supuesto a la manija de sus interrogantes más íntimos: el HIV. Este virus maldito la apresó en el 2006, y la entregó a una neumonía que a la postre fue fatal. Pero como Michael Jackson, Fernando Peña y Jorge Guinzburg, que no te quepa ninguna duda mi querido André Luiz Ribeiro Albertini, mi querida Andreia, que te llevaremos siempre en el corazón.
Ahora a levantarse, a lavarse la cara y mirar al mundo a la cara. A buscar las miserias del destituido Ricardo Jaime, para el informe de 70.20.10 del día de la fecha. El periodismo no descansa.
Miserias? Jaime tiene más de 15 causas judiciales abiertas!!! Con que caiga en 1/2 me conformo. Saludos Chiche